Estudiantes internacionales cursan el segundo semestre en nuestra Escuela

Provenientes de distintos rincones del mundo, los estudiantes internacionales suman en total cerca de 300 en las carreras que imparte nuestra universidad. A continuación, aquellos que se encuentran en Periodismo PUCV nos dan pistas sobre las particularidades que tiene la vida estudiantil alrededor del globo.

Los programas de movilidad o intercambio estudiantil cada vez son más comunes en la agenda educativa. No resulta extraño hoy observar cómo jóvenes de diferentes nacionalidades optan por cruzar fronteras con el propósito de enfrentar nuevas culturas y estilos de vida.

En el caso de nuestra casa de estudios, el Programa de Movilidad Estudiantil (PME) recibe cada año a una gran cantidad de estudiantes originarios de diversas instituciones de educación superior de países con los que la universidad mantiene un sistema de acuerdos y convenios. Este semestre en particular, son cerca de 300 alumnos, lo que posiciona a la PUCV como una gran alternativa al momento de elegir una estadía en Chile.

De entre todos ellos, Ane Piñeiro, Sara Echevarría y Paola Eguibar han llegado provenientes de la Universidad de Deusto, en el País Vasco, para cursar juntas el primer semestre del último año de su carrera de Comunicación.

 

Las motivaciones… ¿por qué Chile?

 Lo qué las llevó a cruzar el Atlántico fue la recomendación de un amigo cercano, aunque no fue muy difícil decidirse, como bien nos explica Sara: “Partimos por Europa, pero lo descarté rápidamente. Lo que ocurre ahí es que los vuelos son muy accesibles, por lo que en un fin de semana largo puedes ir a Alemania o Francia sin ningún problema. En Sudamérica, debes como mínimo tener tres semanas o un mes para poder recorrer un solo país, por lo que resultó mucho más atractivo un destino tan lejano y diferente”.

Ane, por su parte, nos cuenta que llegar aquí tiene un significado especial: “Lo mío era diferente: como mucho me iba al pueblo de mi madre. Yo nunca había salido sola, siempre había viajado con mis padres, amigas o mi hermana. Fue entonces que (pensé que) si voy a estudiar la carrera y no saldré de San Sebastián… tendré que hacer algo al respecto antes de independizarme. Mis padres me dijeron que si aprobaba yo podría hacer lo que quiera, incluso elegir el destino”.

Junto a ellas, Ianire Galiano, estudiante de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Barcelona se ha animado a cursar un semestre junto a nosotros: “rechacé a último minuto una beca a Chipre sin saber siquiera si me darían la posibilidad de venir aquí, porque allá se habla griego y turco… ¡qué estrés habría sido!”

 

Las diferencias

 “Vamos a ver, que se suponía que aquí hablabais español, y yo es que la primera semana es que con suerte entendía algo”, recuerda con alegría Ianire. Ane y Sara tampoco lo dudan mucho: “las frutas y verduras… (risas)”.

“Me llama la atención el trato de ‘usted’. Aquí no se tutea tanto como en España. Vosotros vais diciendo ‘¿qué tal están?’, y yo por ejemplo solo le diría eso a una persona mayor. Vuestro español es un poco más… ¿serio?”, reflexiona Sara, mientras Ane recuerda: “¿los primeros días? lo de cachai, pololear, palta, esas cosas. En el supermercado: lo de boleta o factura”. “Lo del po’ sigo sin explicármelo (risas)”, apunta brevemente Sara.

Paola agrega que las clases suelen ser más estrictas en España, en el sentido de que las formalidades son más exigentes que lo que ella ha podido observar en Chile, aunque a nivel de contenido es bastante similar.

Pero no sólo en las cosas del día a día hay diferencias, también existen a un nivel más global. Es lo que capturó la atención de Ane: “de pronto ves casas y al mismo lado torres o edificios muy grandes; un contraste súper heavy (…) aunque exista esa diferencia, me ha sorprendido lo limpia de las calles”.

 

La barrera idiomática

Independiente de la gran disposición que uno pueda tener, siempre hay factores que escapan al control de uno, siendo el principal de ellos, el idioma. Algo que es pan de cada día para Ilan Berkman, estudiante proveniente de Estados Unidos, y Sarah Boissy, quien viene de París, Francia.

“No es tan difícil el hablar con las personas porque el español y el francés se parecen mucho ya que vienen del latín. Pero en clase es bastante complicado, porque hay mucho vocabulario específico que hay que aprender, como en mi clase de Comunicación”, explica Sarah.

Ilan comenta que esto forma parte de lo que buscaba:  “Yo quería algo difícil. (…) Nunca había vivido una situación así de extrema; en la distancia, el idioma o la cultura. Incluso en otras cosas. Por ejemplo, mi religión. Yo soy judío y he vivido algunas fechas especiales para mí estando aquí, mientras aquí todos son cristianos…”.

“Yo pensaba en aumentar mi fluidez en español (risas), pero ahora veo que un semestre es poco tiempo para comprender en su totalidad las nuevas palabras que aprendo cada día (…) Además, no sabía de lo ‘mal’ que hablan los chilenos, lo cual fue una sorpresa para mí (…) quitan letras, muchos modismos, todo muy rápido”, reconoce.

Sin embargo, Ilan ya recoge lecciones de su breve experiencia en Chile: “Hoy me doy cuenta de que la fluidez es mucho más que una cantidad de palabras (…) en Estados Unidos, por ejemplo, suelo ser muy gracioso, pero aquí se me hace difícil intentarlo, y más aún, comprender los chistes bien. La cultura es muy importante ahí”.

 

Experiencia de vida

Todos concuerdan en el valor que tiene la experiencia que están viviendo. Ante la interrogante sobre qué consejos darían a quienes estén planeando un intercambio, Paola es la primera en ilustrarlo: “Se tienen que ir. Será algo único estar por meses fuera; o lo haces por trabajo o lo haces por esto y qué mejor si es en compañía”.

Ane, por su parte piensa que es bueno que “aprovechen la oportunidad para aprender mucho y viajar. Todo eso te hace más fuerte. Solo puedes crecer si estás en una situación así”.

“Si es alguien que no sabe cuadrar los tiempos, como yo, que aprenda”, dice tajantemente Ianire. “Porque vas a querer hacerlo todo… viajar, hacer amigos, conocer tu ciudad, la del lado y el otro lado”, añade.

Ilan enfatiza en que “debes abrir la puerta a todo y no rendirte. (…) estoy tratando de evitar cerrarme en mi grupo de gringos (…) si vas a Chile, tienes que intentar con todos tus esfuerzos de ser chileno, al menos por un período (…) regreso siempre a casa muy cansado. El intercambio consume mucha energía”, finaliza.

Por último, Sarah aconseja que “no sean tímidos: vayan a hablar con las personas. Demuestra tu personalidad (interior) y no tengas miedo, por mucho que vivir en otro país resulte desafiante”, concluye.

 

Foto: Sara y Ane en el Campus Curauma PUCV

 

Por Daniel Gallardo

Vinculación con el Medio – Periodismo PUCV

11 octubre, 2017

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