María Paz Novoa y su experiencia de intercambio: una instancia para reconocerse  

Publicado el: 11 agosto, 2017

Casi un año completo estuvo de intercambio en Salamanca, España, y aprovechó de conocer distintos países del viejo continente. Cuenta que si bien se ponía nerviosa por viajar a lugares de habla no hispana, no perdió ninguna oportunidad para apreciar los paisajes, compartir con otras personas, pero por sobre todo volver a conocerse y agradecer por estar viviendo esos momentos. Ya en Chile, María Paz nos habla de su experiencia inolvidable y de todo lo que eso significó para su crecimiento como persona.

 

¿Por qué decidiste irte de intercambio? ¿Y por qué España, específicamente?

Principalmente para volver a creer en mí y en mis capacidades, a través de una experiencia lejos de lo habitual, donde podía encontrar personas y realidades que me dieran nuevos conocimientos, cambiando no solo la visión mía en el mundo, sino del mundo en sí y la gente. Hay mucho por conocer, ver y sentir. Decidí ir a España porque yo en general no soy muy buena para los idiomas, así que la principal razón fue porque para mí era más factible ir a un país donde no se me iba a hacer un problema el idioma y además así podría disfrutar de otras cosas y para que no se me complicara la universidad. Además tengo un tío allá, como que igual tenía más redes de contacto por cualquier cosa y también porque en Europa es mucho más fácil la conexión de países y tenía muchas ganas de viajar.

¿Cómo fue adaptarse a una nueva ciudad?

Al comienzo fue distinto, pero nunca extraño a mí, era como un reencuentro en un lugar que nunca había estado y eso pasó, principalmente, por las personas que encontré que me hicieron sentir ese sitio como una casa que yo había escogido. En la ciudad en sí, existían diferencias en cuanto a rutina, por ejemplo, los centros comerciales cerraban dos horas y media para ir a almorzar, algo que encontré digno de copiar. En realidad, creo haber estado en el espacio y tiempo correcto, donde integré en mi vida personas, paisajes y experiencias esenciales para ser quién soy ahora.

¿Cómo lo hiciste con el idioma cuando tenías que ir a lugares fuera de España?

Salamanca, España

El idioma siempre fue un tema, me ponía un poco nerviosa antes de los viajes porque el inglés es el idioma principal y yo no soy muy buena, pero descubrí que al final sé defenderme y en realidad yo creo que cuando uno tiene realmente ganas de comunicarse y lo intenta siempre va a poder, de verdad siempre. Además yo vivía con tres italianos y hubo un momento en que entendí todo el italiano, entonces, por ejemplo, cuando fui a Islandia, en Islandia es solamente inglés, pero justo el chico del hostel donde me quedé era italiano, entonces él me hablaba en italiano y yo en español y nos entendíamos y eso me ayudó mucho. Pero, en general, cuando una tiene ganas de llegar a la otra persona sea como sea lo va a hacer, yo igual siempre me ponía nerviosa antes de los viajes, pero estando allí una sacaba todo el instinto de comunicación.

Y en cuanto a lo académico ¿te costó adaptarte a los métodos de estudio de allá?

Encontré muchas diferencias en el sistema educacional, en el semestre se hacían muchos trabajos en grupos y luego un examen obligatorio, pero la carga académica era más suave, hasta que llegaba el examen donde todos se ponían de cabeza al estudio. Eso sí, creo que es una rutina que, a diferencia de Chile, te ayuda a desarrollar otras habilidades fuera de la universidad, porque tienes tiempo y energía suficiente para ir a otras actividades después de clases, salir y hasta hacer nada, algo que se necesita a veces. Pero, es por esto mismo, que los alumnos no pasan tanto tiempo en la u, por lo que no hacen mucho vínculo con su casa de estudio. En general no hay vida universitaria que vaya más allá de las clases, al menos donde yo estuve.

¿Crees que existen muchas diferencias entre la enseñanza de allá y la de Chile?

En realidad, principalmente, es el sistema en sí, pero dentro de la forma de enseñar se hacen más trabajos grupales o individuales y luego se da peso al examen, como enseñanza en sí no puedo dar una respuesta generalizada porque solo fui a una universidad y privada, entonces sería muy poco objetivo, pero en la teoría, que es algo que me gusta, se da más en Chile de la manera que yo he logrado aprender bien.

María Paz se fue un 12 de septiembre del 2016, pero alargó su periodo hasta julio de este año porque sentía que su experiencia no había concluido. Cuenta que aún no era el momento de devolverse a Chile porque esta era una oportunidad para conocerse y “disfrutar de una nueva realidad social y personal”.

¿Qué lugares has conocido? ¿Cuáles te han impresionado más?

Distintas ciudades de Portugal, Islandia, España, Italia y Grecia y Dubrovnik, Croacia y París, Francia. Islandia, totalmente, es un país donde sus habitantes saben la importancia de la naturaleza y de lo minúsculos que son frente a ella, así que se adaptan y viven entre glaciares, géiser, cascadas, cuidando todo eso. Y, además, Portugal, que no dejó de sorprenderme día a día, con su gente y árboles frutales que me acompañaron durante el camino hacia Santiago de Compostela

María Paz junto a sus compañeros de “piso” en Salamanca

Respecto a tu experiencia personal ¿Qué fue lo que más te costó de vivir allá?

Siento que habían muy pocas cosa que me costaron cuando yo llegue allá, sentí que estaba rodeada de gente tan linda, de lugares tan lindos y nuevos, como una experiencia de la que tenía que sacar el mayor provecho cuanto durase. Al final siento que me adapté muy bien a un lugar nuevo y estando sola sin amigos ni mi familia cerca. Creo que lo que más me costó al final es que se haya terminado y devolverme, eso me costó en general, despedirme de mis amigos y una dice que no termina la amistad, obviamente no, pero es súper difícil no poder darles las manos, no poder abrazar a la gente que uno quiere. Yo creo que eso es lo que más me ha costado y me cuesta todavía, pero de vivir allá en sí, nada, quizás adaptarme al frío en invierno, que era muy crudo o en el verano, lo poquito que estuve, que era mucho calor. Pero al final igual lo disfruté, la primavera con muchas flores, el otoño con muchas hojas en el suelo y si algo me costó ni siquiera me acuerdo porque al final igual disfruté que me haya costado y haberlo podido superar de tal manera que se me haya hecho difícil venirme.

¿Qué has aprendido y qué rescatas de esta experiencia?

Creo que lo que más aprendí y rescato son un montón de cosas, primero haberme atrevido a ir, el estar allá, cuando una está allá es como partir de una base donde nadie te conoce y puedes ser muy puramente como quieres ser sin ninguna atadura. Siento que me valoré mucho por lo buenos amigos que hice, aprendí a inventarme como yo quería, a disfrutar día a día sin tener que estar obsesionada con el estudio, con que me vaya bien y saber que hay muchas más cosas donde puedo desarrollar habilidades. Que puedo estar contenta con mis amigos en la tarde, que puedo disfrutar la vida en muchos sentidos y perspectivas. Aprendí a creer en mí, en dejar la frustración atrás, dejar la autoexigencia, valorarme mucho más y eso me sirvió mucho, sobretodo porque la gente que conocí, al ser ellos tan lindos, me di cuenta que son personas que yo también merecía. En general aprendí mucho sobre mí, y eso fue muy lindo, muy importante, una reconexión, una valoración y autoamor totalmente.

¿Qué le dirías a alguien que se quiere ir de intercambio? ¿Recomendarías donde tú fuiste y por qué?

Yo creo que sí. Salamanca es un muy lindo lugar para ir, pero también creo que cualquier lugar donde uno vaya a donde tenga muchas ganas de ir va a ser un lugar que te va a pertenecer, porque al final uno atrae y es una experiencia muy linda, muy llenadora y gratificante. Yo recomiendo a todo el mundo irse de intercambio, obviamente si tiene la posibilidad, y sino de viajar, de conocer el mundo desde tantas perspectivas, ver el mundo con paisaje, eso al final te afina totalmente tu óptica. El sentido de eso no es solo una óptica exterior, sino que también interna, una va a viendo quien es, para donde va, vas agradeciendo lo que tienes, lo que no, mirando para atrás y también viendo lo que una va a querer hacia adelante. Así que sí, lo recomiendo cien por ciento, los viajes y estar donde una quiere estar. Además, recomiendo a la gente que se dé tiempo para uno, no solo para producir o estudiar, sino para sentarse a mirar una flor detenidamente y eso me lo dio mucho el intercambio porque tuve tiempo y me di cuenta que estoy muy agradecida de las cosas lindas de la vida.

 

 

Por Ivannia Cordero Flores

Vinculación con el Medio- Periodismo PUCV

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