Catalina Portales y sus pasantías en Brasil: “Ahí te das cuenta que no eres todo lo que existe”

En el verano del 2016, Catalina Portales se fue de intercambio a Brasil, cumpliendo un sueño que tenía desde chica. Cuando volvió a Chile, tuvo un nuevo “choque cultural” y decidió volver a principios de este año para realizar su práctica en el Observatorio de Favelas en Río de Janeiro.


¿Cuándo te fuiste de intercambio?

Me fui en febrero de 2016, pero las clases comenzaban en marzo. Me quedé hasta el 11 de agosto, seis meses justo. Estuve en la Pontificia Universidad Católica de Río, que es una universidad súper cara, donde la mayoría de los que van son hijos de políticos. Una de las más reconocidas.

Cuando fui de intercambio, me quedó gustando tanto que decidí hacer la práctica allá. Y para hacer la práctica, me la tuve que conseguir. Pero fue algo que no dudaría en hacer otra vez.


¿Por qué elegiste Brasil?

Por qué Brasil… Me da mucha risa, porque siempre que lo intento explicar -como cuando allá me preguntaban mis amigos y los profesores- es un poco difícil de explicar. Porque siempre las respuestas son como “¡ah! porque me gusta el lugar” o “porque ya había venido antes de vacaciones”, o los que se van a España dicen “porque así puedo viajar a todo Europa”. En cambio, para mí, fue porque ir a Brasil, desde chica, era un sueño, algo muy vívido, que tuve siempre muy claro. No sé desde qué edad en verdad, pero mis papás son testigos de ello, de que era un sueño ir a Río, específicamente. Alucinaba con el carnaval y lo veía en la tele no más. De hecho, muchos de mis amigos, de la u y de la media, fueron con sus cursos o con sus papás en sus vacaciones, y yo, nunca había salido. Sólo a Argentina, pero nunca me había aventurado a viajar sola, ni a hacer una cosa así, menos a Brasil, que es un país que habla portugués.  Antes de viajar sólo había escuchado música o leído un poco, pero no podía decir que manejaba el portugués.

Yo creo que Brasil en sí me atrajo por todas esas cosas. Por su música, el idioma, la cultura (…) En general me gustaba la idea que yo tenía preconcebida de Brasil, y de Río específicamente, que se comprobó al llegar allá.

Era un sueño que tenía desde chica, se dio la oportunidad y no dudé en hacerlo. En ese sentido, fue súper importante armarse de valor para hacer algo que, uno o dos años antes, o meses antes de tomar la decisión, quizá no hubiese hecho. Hay cosas que hay que hacer cuando “el corazón te lo dicta”. Y cuando uno toma esas decisiones, es lo mejor que uno puede hacer en la vida. Son esas que te van a ayudar, primero, a hacer algo en lo que te sientas orgulloso y, segundo, a que puedas colaborar con ello. Porque la idea no es trabajar o estudiar por el simple hecho de hacerlo, sino, la idea es hacerlo, porque va a tener alguna funcionalidad, no en el lado tan “funcionalista”, pero en donde vas a retribuir, de alguna forma al mundo con algo bien hecho. Yo creo que esa es la importancia de un intercambio.


¿Cómo lo hiciste con el idioma?

Fue muy divertido, porque desde chica en mi casa se escuchaba bossa nova, María Bethania, un poco de samba, y, como te contaba, para mí era un sueño muy vívido Río.  Entonces, por un conjunto de cosas, de las que muchas no me acuerdo, estaba muy dentro mío que yo tenía que ir a ese lugar, de hecho, una de las cosas por las que más me sentía atraída, era por el idioma.

Entonces, intenté aprender portugués antes de ir: busqué información, me hice un cuaderno. Súper aplicada en ese sentido, porque quería aprender y soy de esas personas que cuando quieren aprender, agarran mil libros y absorben todo.  Sin embargo, en este caso fue súper difícil, porque era otro idioma y es uno de esos idiomas que uno aprende estando en el lugar. Uno puede ver videos o leer libros, pero si uno no sabe el acento, va a ser muy difícil.

Entonces, llegando a allá, yo pensaba que iba a tener que grabar las clases y después escucharlas. Pero cuando empezaron, entendí todo, desde las primeras clases que me presenté. Fue muy genial entender y sacarme ese miedo que tenía a no poder comunicarme.

En ese sentido, cuando llegué a allá, me demoré como un mes en hablar, porque no quería sacarme la vergüenza de practicarlo. Vivía con un chico del sur de Brasil y hablábamos inglés principalmente. Al tiempo, fue como “ya, tengo que aprender” y, ahí, empezamos a practicar un poco, pero con mucha vergüenza de intentar hablar el idioma. Después de un tiempo, ya empecé a hablar, y súper fluido con amigos que me hice en la u. Era muy bacán aprender las palabras típicas de allá, las que usaban los jóvenes.


¿Fuiste al carnaval?

Fui al carnaval este verano. El año pasado fui desde febrero hasta a agosto, de hecho me quedé hasta el comienzo de los Juegos Olímpicos, y fui a algunos de los Juegos. Pero, por cosas de dinero y de los pasajes, claramente, preferí irme después del carnaval del 2016. Entonces llegué allá, como dos semanas antes de marzo y el carnaval ya había pasado.

Entonces, este verano sí me quedé al carnaval, porque fui de diciembre hasta marzo, y fue una experiencia súper buena. Aparte de la emoción y los turistas, verlo como una cosa más cultural y estar inserta en la sociedad, fue una experiencia súper rica en ese sentido. Uno ve otros detalles, como que es una liberación para las personas. Yo, por ejemplo, no lo viví como una turista, hice muchas otras cosas en ese tiempo, aunque igual fui y me disfracé.

El carnaval fue súper divertido, pero para mí fue más importante pasar el año nuevo allá y la navidad. Yo no celebro la navidad de una forma tan “estricta”, y si la celebro o no, no me influye tanto. Pero el año nuevo sí es una celebración más importante, que no me gusta dejarla pasar, aunque sea celebrarlo con algo simbólico. Ese día fue maravilloso. Pude ver en su máxima expresión a las personas y cómo celebran una fecha así. Me tocó, por ejemplo, disfrutar vestirme de blanco.

El choque cultural ahí fue muy grande. Ahí te das cuenta que no eres todo lo que existe, que todas las cosas que conoces, no son las que conoce el resto del mundo. Y creo que eso fue lo más importante y lo que más me agradó de aprender, que las personas a veces tienen que pasar por esos procesos de adaptarse a otras culturas y, siento que lo rico de una cultura, se puede aprender si uno está dispuesto. Por eso me gusta el tema de viajar, porque me dio la oportunidad de ser un poco más humilde y de abrirme un poco a otras cosas que, a veces, fueron aprendidas como estereotipos.

Catalina con sus compañeros y compañeras de Observatorio de Favelas


¿Cómo fue tu práctica? ¿Cómo te la conseguiste?

La hice en una organización de la sociedad civil que se llama Observatorio de Favelas que es de una comunidad de Río, un conjunto de favelas. Actúa en varias partes de la ciudad, con tres o cuatro locaciones, que además colabora con otra organización más práctica, que hace clases para niños, también algo así como PSU y con apoyos para mujeres. Es una comunidad bien potenciada en lo social y en lo cooperativo.

Yo fui a parar allá porque, después del intercambio, llegué a Chile y tuve otro choque cultural. Me vino un estrés por las clases, todo muy junto y muy rápido. Entonces, yo sentía que quería volver a Río, y no aguantaba esperar por un magíster. Quería volver antes, porque en el intercambio sentí que hubo muchas cosas que me faltaron por explorar y en ese verano era perfecto para poder hacerlo.

Busqué en sitios web varías prácticas. Había unas pagadas y pensé que quizás no les iba a servir tanto, porque no sabía hablar tan bien el idioma y, la verdad, no me atraían mucho, porque eran de prensa muy tradicional. Entonces busqué donde pudiera ir, que coincidiera con lo que yo quiero hacer aquí también y que me sirviera no sólo monetariamente.

En el sitio ONG Brasil, busqué las que tenían nombres “más llamativos”, de las áreas que a mí me interesaban, como derechos humanos o el ámbito social. Aparte de hacer una práctica que pudiera ayudar al medio o a la organización, yo también quería que pudiera aprovechar, por eso, busqué una que se viera responsable manteniendo Facebook o sus sitios. Y esta organización tenía ese lado súper activo, así que les mandé un mail y ellos fueron súper claros diciendo que no me podían pagar, y teniendo claro que esto era por amor al arte, por amor a aprender y a vivir una experiencia, lo que, para mí, era lo más importante, porque el resto se ve en el camino. 


¿Cómo fue estar sola? ¿Qué se sintió?

Estar sola no fue agobiador ni nada. No quería gastar dinero, porque en el intercambio gasté mucho, especialmente porque es una ciudad cara. Justo, mi prima que venía de Suecia estaba acá y me mostró una plataforma web para quedarse gratis, Workaway, donde uno tiene que trabajar para viviendas o hostales que necesitan ayuda. Yo busqué un montón y, de repente, encontré una casa, hablé con la dueña y al final me fui a quedar donde ellos. Al principio me quedé con amigos, así que disfruté unas minis vacaciones y, después, cuando empezó la práctica, me fui a vivir con esta familia, que fue muy bueno porque pude conocer otra realidad de Río. Una familia conformada con un papá, una mamá y dos hijos, distinta a la mía, con muchas cosas totalmente diferentes. Igual ahora los considero mi familia, porque me apoyaron un montón. Casi siempre conversábamos y eso enriquecía aún más estar allá.

Estar sola fue muy bacán, porque te hace madurar de golpe y porque es una experiencia súper rica para ti mismo. Para pensar en el futuro, salir un poco de la burbuja. Es súper importante para conocerse a sí mismo, saber a dónde puedes llegar, conocer tus límites. Es lo que menos hacemos en la vida diaria, donde no hay espacios de reflexión. Lo encontré súper genial porque quizás no es una oportunidad que todos tienen, y no creo que sea algo que todos necesiten para crecer, pero yo sí la necesitaba, la busque y la viví. Eso completó un círculo súper bacán que ahora me hace conocerme mucho más y ser mucho más fuerte en algunos sentidos. Y claramente quiero volver a eso, porque esa vida te queda gustando: moverte por varios sitios y todos los días conocer una cosa nueva.

 

 

Por Cristofer Díaz

Vinculación con el Medio – Periodismo PUCV

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