Alberto Mayol

Alberto Mayol “Hoy día los grandes poderes no saben cómo administrar el espacio público”

Publicado el: 24 Junio, 2016

En el contexto de la inauguración del Año Académico de los Postgrados de Periodismo PUCV, el sociólogo Alberto Mayol dictó la clase magistral “Crisis institucional a partir del espacio público”.

“El vínculo de la ciudadanía con las instituciones está fracturado”, ese es el diagnóstico del sociólogo Alberto Mayol, que el pasado 14 de junio inauguró el año académico del Magíster en Comunicación y del Postítulo en Comunicación Estratégica.
Con una reflexión histórica, política y social, Mayol se refirió a la ineficacia que han tenido en el último tiempo los grandes poderes políticos para institucionalizar los procesos sociales que hoy estamos viviendo en Chile y cómo el malestar ciudadano ha hecho que la legitimidad del poder y el vínculo con las instituciones esté en un momento de crisis como se no vio en muchos años en nuestro país.

 

El espacio público como terreno en disputa

Según advierte Mayol, una de las tantas posibilidades de análisis para este fenómeno es centrarse en el espacio público. La reflexión de este espacio como terreno en disputa, parte de la forma en que éste es construido, desde arriba hacia abajo -es decir desde lo que dicte el poder- o desde abajo hacia arriba, desde la misma ciudadanía. “Hoy la disputa del espacio público es muy simple (…) se puede inyectar espacio público desde arriba, no es fácil, siempre hay resistencia, pero se puede y es lo que normalmente pasa sobre todo si la sociedad está desmembrada y no tiene mucha capacidad de articulación. Pero si la sociedad se organiza mucho, si está muy intensa en sus relaciones, no se va a poder”, plantea el sociólogo.

Como ejemplo al respecto, el autor de El derrumbe del modelo cita al movimiento estudiantil del 2011, que fue capaz de instalar sus demandas en el espacio público y de crear una adhesión social general, más allá de los estudiantes. “El movimiento estudiantil hizo algo muy importante (…) según las estimaciones que hicimos con mi equipo en ese momento, hubo unas 300 mil horas de reunión donde se discutieron varios temas y en esas instancias, el movimiento estudiantil logró llegar a un diagnóstico”. Según plantea, este movimiento no parte con un diagnóstico claro sobre la situación, sino que termina con uno que se materializa en la demanda por una educación gratuita y de calidad, logrando instalar esta idea transversalmente en la sociedad. “La primera vez que a Camila Vallejo la entrevistan en una marcha, lo único que dijo fue ‘nuestros hijos se merecen una educación de verdad’, ahí no le está hablando a otro estudiante, está empatizando con las madres, con el resto de la ciudadanía”, menciona.

Respecto al posicionamiento de esas demandas en el espacio público, Mayol formula la siguiente pregunta: ¿Por qué la institución más afectada el 2011 de la crisis de legitimidad fue la televisión? Según presenta, en un principio el discurso que aparecía mayoritariamente en la televisión no estaba acorde con el sentir general de la ciudadanía. “El movimiento estudiantil logra instalar un debate fuera de la televisión, en las casas, a la forma de espacio público antiguo, además de instalarlo en los espacios virtuales de las tecnologías de la información, a la forma del espacio público posmoderno, si queremos llamarlo de alguna forma. Entonces, la televisión tiene que salir a buscar legitimidad y tienen que conectarse con la gente de nuevo. Ese es el momento en que empiezan a invitar a los dirigentes estudiantiles durante horas a los matinales. Hay un ejemplo de un matinal donde invitan a Camila Vallejo, Francisco Figuera y Ena Von Baer. El rato que están en el programa suma dos horas, con sólo una pausa, donde sistemáticamente los tres conductores atacan a la senadora. Eso no es casualidad”.

 

El vínculo roto

En relación a la crisis de las instituciones, Mayol ejemplifica la situación con varios datos sobre la caída del nivel de aprobación de instituciones como los medios de comunicación, los partidos políticos, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y otros. “Hoy día, la suma de la aprobación de las dos coaliciones políticas más grandes, sumadas, está en 20 puntos. ¿Cuál es la capacidad de una coalición de institucionalizar procesos sociales si ni ésta ni su opuesta sumadas logran ser un tercio?”, se pregunta.

Según el sociólogo, históricamente, en periodos de malestar social y deslegitimidad, el poder institucionalizado se ha visto en la necesidad de abrir espacios para la participación de los ciudadanos. “El problema que tienen es cómo se crea algún nivel de participación que otorgue la legitimidad mínima al poder. Esto parte con las monarquías en Europa, de hecho la Revolución Francesa es un resultado del fracaso de este proceso que trató de imprimirle legitimidad a ese poder”, menciona.

Desde la perspectiva que plantea Mayol, con la Modernidad y la complejización de los estados, surge también una “domesticación” de las herramientas periodísticas, que habían nacido con inspiración revolucionaria, consolidando la idea de que el espacio público puede ser instrumentalizado para los fines que le convengan a quienes están en el poder.

“Cada vez que nace una nueva tecnología, los poderes tiemblan porque no saben administrarla, pero con el pasar de los años ya lo logran. Estados Unidos tuvo muchos problemas por filtraciones de datos a principios de la década del 2000, pero hoy ya tienen su propio WikiLeaks”.

 

Espacio público ¿de los ciudadanos o del poder?

A pesar de que el control sobre el espacio público está, en la mayoría de las veces, en manos de “los de arriba”, hay ocasiones en que esa relación se comienza a invertir y la ciudadanía va ganando terreno en esta disputa.

Mayol vuelve a ejemplificarlo con el movimiento estudiantil de 2011. “¿Por qué pudo haber proceso de incorporación en el espacio público de valores contrahegemónicos, contrarios al poder?”, se pregunta y responde diciendo que “hay un fenómeno muy típico cuando el triunfo es ‘total’. El proceso político que venía dándose desde la transición tuvo con Piñera un triunfo total. El poder estaba en los empresarios y el poder político se le entregó a un empresario. Ese ‘sinceramiento’ del sistema es muy malo (…) no puedes llevar todo a su máxima expresión porque hay un punto en que esto se rompe (…). En ese momento el presidente era empresario, la empresa y el poder político eran lo mismo, el presidente llamaba a ministros empresarios, fue todo muy desnudo y eso hizo que los disparos del movimiento estudiantil fueran muy eficaces porque no había línea de contención, el disparo llegaba directo al poder real”.

Desde esa fecha, según plantea el sociólogo, la situación se desestabilizó y estamos frente a un escenario en que los grandes poderes no saben cómo administrar el espacio público que hoy tenemos, aunque fácilmente podrán avanzar hacia tener más control de éste.

“Estamos en un gran conflicto. Por un lado está el malestar de la ciudadanía y la ilegitimidad de los grandes poderes, en todo el mundo, no sólo en Chile. Por otro lado, tenemos la mayor eficacia histórica que puede tener un sistema para los estados y las corporaciones -nunca antes nadie ha tenido tanto control- desde la guerra contra el terrorismo en adelante, todos los derechos de secreto de los ciudadanos se acabaron (…). Es decir, tenemos la mayor eficacia de la historia y el mayor malestar social en mucho tiempo. La pregunta es si va a ganar el malestar o la eficacia de las instituciones”, menciona al respecto.

Para salir de esta situación, Mayol ve como alternativa que aparezcan grupos impugnadores que traigan legitimidad. Los grupos impugnadores requerirían de legitimidad y demostraciones de poder. “El mejor ejemplo contemporáneo es Pablo Iglesias, él no se preguntó si es que si se presentaba le iba a quitar votos al PSOE”, dice y agrega que lograr esto es “muy difícil, es un trabajo enorme de estar con la gente, de construir bases, es un trabajo que los políticos que entienden la comunicación como comunicación de masas -es decir que creen que hay que salir en la televisión- no comprenden”.

“Un nuevo pacto sólo puede acontecer si entran nuevos actores y dependerá si estos llegan en la lógica de hacer pactos con los antiguos actores o llegan en la lógica de la revolución, donde no quieran crear pactos con los antiguos y los reemplacen. Hoy día yo no veo que haya la capacidad ni la voluntad de ir a la tarea que supone hacer una impugnación tan grande y eso nos condenaría a una situación de tibia estabilidad sin mucha salida. La historia de Chile está lleno de estos momentos”, finaliza.

 

 

Postgrados – Periodismo PUCV

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