Francisco Sierra, Director General CIESPAL

“Sin derecho a la comunicación no puede haber Democracia”: Francisco Sierra, Director General CIESPAL

Francisco Sierra, Director General del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), inauguró el Seminario Internacional “Los desafíos económico-políticos y socio-culturales de la comunicación en América Latina” que se realizó recientemente en Periodismo PUCV.

 

Sierra es doctor en Ciencias de la Información y posgraduado en Sociología, Ciencia y Tecnología. Desde julio de 2014 es Director General de CIESPAL, organismo internacional de la UNESCO especializado en políticas públicas y la promoción del Derecho a la Comunicación.
Es además catedrático de Teoría de la Comunicación e Investigador del Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina (IEAL), Director del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social y Editor de la Revista de Estudios para el Desarrollo Social de la Comunicación. Es Presidente de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura y Presidente interino en funciones de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas en Comunicación (CONFIBERCOM).

En el contexto del seminario organizado por el Grupo de Trabajo “Comunicación, Política y Ciudadanía en América Latina” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), el Magíster en Comunicación de la Escuela de Periodismo PUCV y el Núcleo de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Frontera, el profesor Sierra se tomó algunos minutos para conversar respecto al Derecho a la Comunicación, al panorama político-comunicacional del continente y al rol de las Universidades en la promoción de este derecho.

 

Hace algún tiempo en el discurso cotidiano estaba muy instalado el concepto de libertad de expresión o de prensa. Hoy, desde el debate en América Latina se habla de Derecho a la Comunicación ¿Por qué se produce este cambio y cuáles son las diferencias entre ambas nociones?

Esto ha sucedido en parte porque ha habido un proceso de movilización en países como Argentina, Venezuela o Bolivia, donde ha existido una voluntad política de gobiernos de progreso y de la ciudadanía por reivindicar derechos en general. En este contexto, el Derecho a la Comunicación es el primer derecho, ya que es el ámbito de disputa público desde donde se pueden dirimir otros derechos, sin este derecho no se pueden garantizar los otros.

En América Latina ha existido una tradición en torno al Derecho a la Comunicación, recordemos el primer encuentro para discutir políticas nacionales de comunicación bajo el auspicio de la UNESCO (Costa Rica, 1976). Después de la publicación del informe McBride (UNESCO, 1980), donde se propone un nuevo equilibrio mundial en el ámbito de la información y de la comunicación, el neoliberalismo quitó esta idea de la agenda y se volvió a instaurar la concepción angloamericana-liberal de “libertad de expresión”.

¿Cuál es la diferencia sustancial? Yo lo resumo muy brevemente: quién habla de la libertad de expresión vive en el siglo XVIII y XIX y quienes hablamos de Derecho a la Comunicación vivimos en el siglo XXI. El Derecho a la Comunicación implica muchos más derechos que el que alguien pueda decir su palabra. Por ejemplo, poder decir tu palabra a través de medios tecnológicos requiere una política pública de Estado para que no hayan territorios desconectados, implica una política de precios para que haya un acceso democrático a servicios básicos como Internet, implica también una política de educación para que las nuevas generaciones hagan uso inteligente y creativo de estos medios. Es decir, implica muchas más dimensiones que la mera libertad de expresión en la que algunos de mis colegas piensan. En el siglo XXI, con un ecosistema complejo de medios, debe haber una política de Estado para asegurar derechos ciudadanos, por ejemplo para garantizar la soberanía cultural de un país o simplemente para garantizar el respeto a la pluralidad y diversidad.

 
¿Cómo debería ser el ciudadano de esta sociedad donde se exige el Derecho a la Comunicación?

Aquí tenemos un reto importante en las universidades, porque el ciudadano sigue pensando que la comunicación es un ámbito privativo y de consumo. Pero ese ciudadano, tal vez sin tener conciencia de que en el ámbito de la comunicación estamos frente a un derecho, ha ido ejerciendo ese derecho cuando critica la interferencia en las redes sociales, la censura o cuando defiende la gratuidad de los consumos o intercambios de contenidos en Internet, por ejemplo. Ese ciudadano, en su práctica, está ejerciendo el Derecho a la Comunicación, pero no logra comprender que desde la comunicación se está disputando su ser social, su subjetividad política y sus derechos fundamentales como ciudadano.

Por tanto, se da una suerte de esquizofrenia entre prácticas reales que ejercen de facto el Derecho a la Comunicación y, desde el punto de vista ideológico normativo, la inconsciencia de que en este ámbito nos estamos jugando el futuro de la Democracia.
Si tuvieras que hacer un diagnóstico general del “estado de salud” del Derecho a la Comunicación en América Latina ¿Cuál sería?

Si hacemos una crítica, no sería muy positiva a tenor de los cambios que ha habido ahora en Argentina y también deberíamos hablar de que hay un avance democrático importante en los últimos años, pero insuficiente.

No ha cuajado todavía de manera amplia la consciencia del Derecho a la Comunicación. Sí ha habido procesos regulatorios, de hecho, América Latina hoy es el referente en esos avances. A diferencia de Estados Unidos o Europa, acá existe un debate, está en la agenda, cosa que en otros países es minoritario todavía. Por ejemplo, en países como España, hay consciencia que si no se disputa la democratización de la comunicación, no puede haber Democracia, pero eso lo piensa un grupo muy reducido de profesionales y académicos. En ese sentido, yo diría que América Latina es referente en conquistas democráticas, pero que tenemos todavía que avanzar mucho en el acceso a medios comunitarios, en hacer una política de Estado, en introducir temas que no están en la agenda sobre regulación de telecomunicaciones y las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación), y además llevar ese plano de debate del ámbito del Estado-nación al ámbito supra-nación, porque la gobernanza democrática de Internet no se puede plantear sólo en un país, debemos revisar esas políticas en espacios como UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) o CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

Siendo limitados e insuficientes los avances democráticos, yo diría que si comparamos con otras áreas geopolíticas o espacios geográficos, en América Latina hemos logrado avances muy por delante de otros países del norte. Creo que todavía se mantiene ese espíritu, lo que llamamos el “espíritu McBride”, de disputar la hegemonía en el frente de la comunicación.

 
¿Cuál es el rol que deberían jugar las escuelas de periodismo en este debate?

Me parece que ese rol es vital. Por ejemplo, el hecho de que en países como Bolivia o Ecuador, gran parte de la profesión periodística esté en contra de la regulación del Derecho a la Comunicación, muestra que en las facultades todavía tenemos tarea por hacer. Tenemos que introducir materias sobre economía y políticas de comunicación, tenemos que concienciar a los alumnos y a los profesionales que el derecho es una parte esencial de la Democracia. Es decir, hay una labor pedagógica que hay que hacer y, luego, hay otra labor -que ya se está haciendo en Chile en el contexto del proceso constituyente- que es apoyar la regulación en torno a la comunicación.

Creo que se están haciendo cosas, pero falta mucho. Nos llevará varias generaciones este esfuerzo pedagógico de formar profesionales que sean conscientes de las dimensiones políticas, jurídicas y normativas que hay en materia de comunicación, porque sino se dan situaciones como la de Bolivia, con profesionales que están en contra de esto, porque siguen pensando que la mejor ley de prensa es la que no existe, es
decir siguen en el siglo XVIII.

Esperamos que en los próximos años nos preocupemos de introducir en las mallas las materias de políticas de comunicación y que, si el egresado quiere creer en un modelo neoliberal que crea, pero no por falta de conocimiento.

 
En este contexto, mencionaste en tu conferencia que había una brecha entre prácticas de ciertos movimientos sociales y ONG que promueven el Derecho a la Comunicación, pero que su forma de hacer comunicación replica el modelo tradicional de medios, lo mismo puede pasar en las Universidad ¿Cuál sería el camino hacia la construcción de estas nuevas prácticas?

Creo que al menos hay tres puntos. Primero es necesaria una mayor interlocución entre la academia y la sociedad, por ejemplo, para investigar estas prácticas. Hay una ausencia de diálogo de saberes. A finales de junio en el Foro Latinoamericano y Caribeño de Comunicación Popular y Comunitaria, justamente pretendemos hacer ese diálogo.

Segundo, hay que hacer un esfuerzo de reflexividad, de auto-observarse y de analizar cuáles son las prácticas. Lo que sucede tradicionalmente en la izquierda y en el pensamiento crítico, es que se piensa que simplemente cambiando el contenido por mensajes de justicia y de libertad se logra una comunicación distinta. Es decir, se piensa que esto se logra sin alterar la forma, la narrativa o la estructura organizacional del medio de comunicación.

Y tercero, cambiar un imaginario de la comunicación que existe tanto en los estudiantes y profesores, como en la sociedad civil y activistas, que es una concepción de la comunicación muy instrumental y mediocéntrica, piensan que toda la labor comunicacional es que salga una nota de prensa de un proceso de movilización social en los medios de comunicación. No se concibe esa lógica que implica que la comunicación es también cómo interactuamos, qué tipo de relaciones se dan internamente, qué estructura de organización existe (si es centralizada, si es cooperativa, si existen dinámicas de colaboración social interna). Romper con ese imaginario va a ser muy difícil, pero hay que trabajar. Si hablamos de una perspectiva emancipadora y transformadora, los movimientos sociales tienen que revisar cuáles son sus discursos y sus prácticas sobre lo que es la comunicación.

 

 

Área de Postgrados – Periodismo PUCV

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